La efeméride rinde homenaje al pastor bautista y líder del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, cuyo legado de lucha pacífica contra el racismo, la pobreza y la injusticia sigue teniendo impacto internacional.
(Redacción, 19/01/2026) | El tercer lunes de enero se celebra el Día de Martin Luther King, en memoria del pastor bautista y reconocido líder del movimiento activista por los derechos civiles en Estados Unidos, quien defendió las causas de aquellos que eran víctimas de discriminación racial y violencia.
John Conyers, congresista demócrata por Michigan, fue el primero en introducir esta fecha de conmemoración en la legislación, cuatro días después del asesinato de Luther King en 1968. Sin embargo, la iniciativa no fue aceptada hasta 15 años después, tras varias propuestas en el Congreso y posteriores peticiones respaldadas por millones de ciudadanos.
La celebración fue aprobada por el presidente Ronald Reagan en 1983, quien estableció que se celebrara el tercer lunes de enero, en lugar de su fecha de nacimiento (15 de enero), para espaciar la fecha del resto de festividades navideñas.
Se consideró que la relevancia de su obra merecía un recordatorio independiente por su impacto internacional en los derechos civiles.
Hijo y nieto de pastores, Luther King estudió Sociología y Teología, en 1948 y 1951 respectivamente. Posteriormente, se matriculó en Teología sistemática en la Universidad de Boston y recibió el grado de Doctor en Filosofía en 1955. Su fe y convicciones cristianas motivaron un continuo estudio de las ciencias sociales, la religión y las Escrituras. Fue nombrado pastor y pastor asistente en las iglesias bautistas de la Avenida Dexter (Montgomery) y en Ebenezer (Atlanta). Su compromiso, no obstante, extralimitaría el ámbito eclesial y académico.
Los principales acontecimientos que marcaron su trayectoria fueron el Boicot de Montgomery en 1955, la Campaña de Birmingham y la Marcha sobre Washington con el discurso “I have a dream”; ambos en 1963. Estos eventos cristalizaron y fueron los antecedentes para la posterior ratificación de la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley del Derecho al Voto de 1965.
Gracias a ellas, se prohibió la discriminación por nacionalidad, raza, color, religión o sexo, así como las barreras legales vinculadas a la educación y al voto.
Las propuestas de King en relación a los sacrificios económicos, a la unidad comunitaria y a los deberes éticos ante leyes injustas fueron clave para otorgarle el Premio Nobel de la Paz en 1964.
De esta forma, y a través de este famoso reconocimiento, el pastor bautista ya no solo sería identificado como activista y líder estadounidense, sino como figura de impacto internacional en la lucha pacifista contra la pobreza y el racismo; lucha por la que pagó un alto precio.
Algunas de las protestas iniciadas pacíficamente desencadenaron en actos violentos que le costaron el encarcelamiento, en varias ocasiones, y su propia vida el 4 de abril de 1968. Martin Luther King fue asesinado en Menphis (Tennessee) en una huelga de trabajadores originada por los bajos salarios y las deplorables condiciones laborales.
Sus últimos años de vida se centraron en críticas y campañas por la justicia económica de los pobres, así como su oposición a la Guerra de Vietnam y a la inversión en armamento.
En su lugar, reivindicaba recursos educativos y sanitarios para los más desprotegidos de la sociedad. Sus esfuerzos permearon áreas como la vivienda, el transporte, la educación, el empleo y el derecho al voto, entre otros.
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Por Cynthia García para Actualidad Evangélica