Las iglesias evangélicas protestantes de Ucrania fueron reconocidas con el Premio Esperanza 2026 por su labor espiritual y humanitaria durante los años de guerra, en los que numerosas congregaciones transformaron sus edificios en refugios, centros de asistencia y espacios de contención para personas afectadas por el conflicto.
El reconocimiento fue entregado por la Alianza Evangélica Europea durante Esperanza para Europa 2026, un encuentro celebrado en Albania que reunió a unos 250 líderes evangélicos de distintos países bajo el lema «Esperanza en tiempos de incertidumbre».
A diferencia de ediciones anteriores, el premio no fue otorgado a una persona o proyecto particular, sino al conjunto de iglesias representadas por el Consejo de Iglesias Evangélicas Protestantes de Ucrania.
La delegación ucraniana completa subió al escenario para recibir el reconocimiento.
Iglesias convertidas en refugios
Durante la ceremonia, los responsables de la Alianza destacaron la respuesta de las congregaciones desde el comienzo de la guerra.
Sótanos de iglesias fueron utilizados como refugios durante las alertas aéreas, mientras que otros edificios comenzaron a almacenar alimentos, medicamentos y generadores para asistir a la población.
Grupos de jóvenes se organizaron como voluntarios y numerosos pastores decidieron permanecer junto a ancianos, familias, soldados y personas que no podían abandonar sus comunidades. Algunos de esos líderes incluso perdieron la vida durante estos años.
Connie Main Duarte, secretaria general adjunta de la Alianza Evangélica Europea, destacó que para buena parte de Europa la incertidumbre puede significar dificultades económicas o cambios culturales, mientras que para los creyentes ucranianos significa convivir diariamente con sirenas y ataques.
«El mundo nunca debe acostumbrarse a la guerra»
Igor Bandura, secretario general del Consejo de Iglesias Evangélicas Protestantes de Ucrania, recibió el galardón en representación de las congregaciones y agradeció las oraciones y la ayuda práctica brindada por cristianos de otros países. «El mundo nunca debe acostumbrarse a la guerra en Ucrania», afirmó.
Bandura describió una realidad marcada por pérdidas humanas, destrucción y desplazamiento, pero también habló de lo que considera otra cara de estos años: el crecimiento espiritual que muchas iglesias aseguran estar experimentando.
Según explicó, más de 40.000 personas fueron bautizadas durante la guerra dentro de las congregaciones representadas por el consejo.
Además, más de 2.000 pastores y diáconos fueron ordenados para servir en las iglesias, incluso mientras cientos de otros líderes se encuentran en las fuerzas armadas o han debido abandonar el país junto a sus familias.
La guerra también acercó a distintas denominaciones
Uno de los aspectos destacados por la Alianza Evangélica Europea fue la cooperación entre diferentes tradiciones protestantes. Bautistas, pentecostales, adventistas, luteranos, reformados, congregaciones judías mesiánicas y otras comunidades comenzaron a trabajar de manera conjunta ante las necesidades provocadas por la guerra.
Jan Wessels, secretario general de la Alianza, señaló que los creyentes descubrieron en medio de la crisis que su fe común en Cristo podía colocarse por encima de muchas diferencias denominacionales.
Esa unidad permitió coordinar ayuda humanitaria, acompañamiento pastoral y diferentes iniciativas dirigidas a personas desplazadas o afectadas por los ataques.
Nuevas congregaciones entre los refugiados
El impacto de las iglesias ucranianas también se extendió fuera de las fronteras del país.
Bandura informó que refugiados ucranianos establecieron más de 400 grupos e iglesias en 25 países de la Unión Europea, además de impulsar programas de asistencia, guarderías y escuelas. Mientras cientos de congregaciones quedaron destruidas, cerradas o inaccesibles en territorios afectados por la guerra, otras nuevas surgieron en diferentes regiones de Ucrania y entre comunidades de refugiados.
Las iglesias de otros países europeos también fueron transformadas por esa experiencia al recibir familias ucranianas y escuchar de primera mano sus testimonios.
Un premio a la esperanza cristiana
El Premio Esperanza no incluye una recompensa económica. Su propósito es reconocer a personas, organizaciones o movimientos que reflejen valores como la esperanza bíblica, la cooperación, la transformación y la integridad.
La inscripción entregada este año reconoció particularmente a las iglesias ucranianas por mostrar la esperanza de Cristo mediante «el amor, la resiliencia, la unidad y un liderazgo basado en el sacrificio en medio del sufrimiento».
En años anteriores, el galardón fue otorgado a iniciativas vinculadas con la asistencia a refugiados, el cuidado de niños sin hogar, la unidad intercultural y otras áreas de servicio cristiano.
«Esperanza en tiempos de incertidumbre»
El encuentro en Albania se extendió durante cinco días y reunió a líderes de distintas partes del continente para conversar sobre evangelismo, oración, reconciliación, refugiados, misión digital, ministerio infantil, discapacidad y otros desafíos que enfrentan actualmente las iglesias europeas. También se realizaron espacios de oración por diferentes naciones.
Para la delegación ucraniana, el reconocimiento se convirtió en una oportunidad para agradecer a las iglesias europeas que durante estos años enviaron ayuda, recibieron refugiados y sostuvieron a las congregaciones en oración.
En medio de ciudades dañadas, familias desplazadas y años de incertidumbre, las iglesias evangélicas de Ucrania continúan intentando cumplir una misión que consideran esencial: permanecer junto a quienes sufren, servir a sus comunidades y seguir anunciando la esperanza de Cristo aun en medio de la guerra.
Fuente: gacetacristiana.com.ar