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¿Cómo están recomenzando los cristianos en Myanmar?

18 de octubre de 2026

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Después del golpe militar y el terremoto, conoce cómo familias cristianas afectadas han logrado mantenerse firmes.

Redacción Puertas Abiertas América Latina. Domingo el 18 Oct 2026. | Desde 2021, cristianos en Myanmar permanecen atrapados en el conflicto entre la Junta Militar y los grupos rebeldes o insurgentes, debido al brutal golpe militar que sacudió al país.

La persecución, que ya existía, se intensificó aún más porque los militares creen que los cristianos apoyan a los grupos rebeldes. Con ese pretexto, muchas iglesias fueron blanco de bombardeos.

La economía se vio gravemente impactada y el aumento de los precios fue exponencial. Conseguir bienes básicos como alimentos, combustible y cubrir otras necesidades esenciales se convirtió en un verdadero desafío.

Entonces, en 2025, un terremoto de magnitud entre 7,7 y 7,9 sacudió Sagaing, la segunda ciudad más grande del país. La población de Myanmar quedó aún más afectada. El miedo se extendió por todas partes, pero algunos cristianos que permanecieron decidieron comenzar de nuevo y ayudar a otros en ese proceso.

Ser cristiana en Myanmar a pesar de la adversidad

Abigail (seudónimo) es esposa de un pastor en Myanmar. Desde pequeña, vivir su fe nunca fue algo sencillo.

«Perdí a mi padre cuando era muy joven. Fue un período muy difícil, mis creencias cristianas me ayudaron a superar esos momentos. En Myanmar, ser cristiano puede traer mucha discriminación. Durante mi infancia, mis compañeros y las personas de la comunidad nunca querían ser mis amigos».

Ella cuenta que su fe también la privó de diversas oportunidades en la escuela y en la comunidad. «Las escuelas ofrecían varios cursos de formación profesional para los estudiantes. Yo tenía mucho interés en participar, pero mi nombre nunca aparecía entre los seleccionados para los programas de capacitación».

Las dificultades no terminaron allí. Abigail relata que también se le impidió acceder a diversos servicios públicos de salud y asistencia social simplemente por ser cristiana.

«Nunca nos informaban sobre las campañas de vacunación ni sobre los programas de asistencia social. Cuando tratábamos de entender el motivo, las autoridades siempre encontraban alguna excusa».

Con el paso del tiempo, la hostilidad y la discriminación se intensificaron. «Las de la comunidad tiraban basura regularmente cerca de nuestra casa solo porque éramos cristianos. Ponían música a alto volumen o hacían ruido durante nuestros momentos de culto. Incluso llegaban a lanzar piedras contra nuestra casa cuando nos reuníamos para adorar. Era aterrador».

Ella evitaba enfrentarlos para no agravar los conflictos, pero la situación no mejoraba. Al mirar atrás, Abigail cree que el objetivo era intimidar a su familia y obligarla a abandonar la región.

«Nunca nos rendimos. Seguimos orando: ‘Ellos no te conocen, Señor, ni conocen tu salvación. Ayúdalos a comprender’. Orábamos y demostramos el amor de Dios mediante la bondad. Como resultado, muchas familias se volvieron a Cristo. Sin embargo, todos los que abandonaron sus antiguas prácticas pagaron un alto precio, enfrentando rechazo y boicot por parte de sus comunidades».

El terremoto sacudió la fe de muchos

Abigail recuerda el día del terremoto. «Ese día, mi esposo y mi hijo habían salido para resolver algunos asuntos, mientras que mi hija se quedó en casa. Yo acababa de participar en una reunión de oración y regresaba a casa. Cuando comenzó el terremoto, el automóvil en el que iba perdió estabilidad. También vimos grandes rocas caer a pocos metros de nosotros. Fue extremadamente aterrador, pero, afortunadamente, salimos ilesos».

Al llegar a casa, encontró a su hija sentada en el suelo, afectada emocionalmente, pero sin heridas. No obstante, la escena dentro de la casa era devastadora.

«Tiempo después, mi esposo y mi hijo también regresaron sanos y salvos. Todo estaba esparcido por el suelo. Las paredes y el techo estaban dañados, y algunas columnas se habían derrumbado. Había caos por todas partes. Vimos edificios de nuestra zona colapsar, mientras las ambulancias llevaban a los heridos a los hospitales».

Según Abigail, esta situación se prolongó durante varios días. «Vivimos en las calles durante algunos días, pero luego regresamos a nuestra casa dañada. Oramos por seguridad, porque la vivienda tenía muchas grietas. Estábamos desanimados, pero nos recordábamos unos a otros que seguíamos siendo bendecidos por estar vivos e ilesos a pesar del terremoto».

La ayuda de los socios locales de Puertas Abiertas

Abigail destaca que la ayuda llegó en el momento justo. Recuerda que muchas personas también sufrieron graves consecuencias emocionales y psicológicas después del desastre.

«Estamos muy agradecidos porque nos trajeron ayuda justamente cuando más la necesitábamos. Todo el arroz y los demás suministros que nos proporcionaron fueron esenciales. El cuidado postraumático brindado a adultos, jóvenes y niños fue invaluable. Gracias a el, miembros de mi iglesia pudieron superar rápidamente la inseguridad y los traumas».

El terremoto también reveló un importante testimonio de solidaridad.

«Cristianos de regiones que no fueron afectadas se dieron cuenta de que podían compartir lo que tenían y ayudar. Proporcionaron alimentos y otros artículos esenciales para las familias afectadas, que a su vez también compartieron esos recursos con sus vecinos no creyentes».

Aun así, algunos impactos a largo plazo siguen siendo evidentes. «Siento que el terremoto sacudió más que casas y edificios. Sacudió la fe de muchas personas y destruyó el sustento de muchas familias. Muchas casas e iglesias fueron destruidas. Y las que permanecieron en pie quedaron llenas de grietas, con riesgo de derrumbarse en cualquier momento».

El miedo también afectó a la iglesia y cambió drásticamente la vida de algunas familias. «Varios miembros de la iglesia dejaron de asistir a los servicios porque tenían miedo de entrar al edificio. Con la disminución de la asistencia, ofrendas y salarios de pastores se vieron afectados. Conocimos a dos o tres líderes cristianos que estaban enfrentando grandes dificultades. Algunos dijeron que ya no podrían continuar el ministerio en esa región y se estaban preparando para irse. Muchos pastores también estaban profundamente preocupados por sus iglesias».

Una nueva esperanza para comenzar de nuevo en Myanmar

Incluso antes del terremoto, ser cristiano en Myanmar ya era un desafío.

En medio de este escenario, las capacitaciones en emprendimiento promovidas por socios de Puertas Abiertas demostraron ser especialmente importantes.

Inspiraron a Abigail y a muchas otras mujeres a seguir el ejemplo de la mujer virtuosa descrita en Proverbios 31. Más que participar en capacitaciones de emprendimiento, Abigail decidió multiplicar ese conocimiento entre las mujeres de su comunidad.

Su historia demuestra que, incluso en los momentos más difíciles, las mujeres tienen el poder de construir un futuro mejor para sus hijos y sus familias.

«Ya sabía hacer cestas y tenía otras habilidades, así que participé en la capacitación para aprender cómo podía aprovechar mejor esos conocimientos, tanto para mi beneficio como para ayudar a otras mujeres de la iglesia».

Según Abigail, la capacitación fue extremadamente valiosa. «Después de participar en la capacitación, comencé a ver nuevas posibilidades de negocio. Fue entonces cuando empecé a producir y vender champús, jabones líquidos y detergentes».

Sus peticiones de oración reflejan la visión que Dios puso en su corazón.

«Por favor, oren por el ministerio de nuestra iglesia. Oren especialmente por los pequeños negocios administrados por las mujeres de mi comunidad. Pidan a Dios que estos emprendimientos prosperen y que estas mujeres se conviertan en un fuerte apoyo para sus familias en tiempos de dificultad».

Después de completar la capacitación, decidió compartir los conocimientos adquiridos con otras mujeres de la comunidad. «Les enseñé cómo aprender nuevas habilidades y transformarlas en una fuente de ingresos. Les mostré que podían ganar dinero ofreciendo servicios de lavandería o planchado. Las que sabían andar en bicicleta también podían utilizar esa habilidad para generar ingresos. Además, destaqué la importancia de la administración financiera dentro de la familia».

Actualmente, tres mujeres que recibieron capacitación de Abigail producen y venden cestas artesanales.

«Después de alcanzar independencia financiera, ganaron más confianza y comenzaron a contribuir a una vida mejor para sus familias. Me contaron que planean vender diez cestas grandes al mes».

«Es increíble pensar que, incluso trabajando días alternos, pueden alcanzar un ingreso mensual de al menos 200 mil kyats (alrededor de 95 dólares). Esa cantidad puede ser equivalente, e incluso superior, al salario de un trabajador jornalero, con la ventaja de trabajar desde casa solo algunas horas al día».

«Me siento muy feliz cuando veo a otras personas progresar. Las capacitaciones sobre emprendimiento ayudan a las personas a identificar oportunidades financieras. Oro para que la sabiduría del Señor guíe a todas las participantes hacia el éxito».

Foto de noticia: Abigail (seudónimo) comenzó a emprender y a enseñar a otras mujeres para ayudar a complementar los ingresos de sus familias

Fuente: Redacción Puertas Abiertas América Latina. puertasabiertasal.org

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