Aunque no sea una persecución religiosa como tal, los recientes ataques de las bandas armadas han dejado tres misioneros muertos y una Iglesia muy debilitada.
Recientemente, tres misioneros estadounidenses destinados en Haití fueron asesinados en la capital del país, Puerto Príncipe.
Según Mission in Haiti, la organización de la que formaban parte, los tres habían sido secuestrados después de una actividad cristiana al regresar a su casa, donde los asesinaron alrededor de las 9 de la noche.
Los misioneros eran Natalie (21 años) y Davy (23) Lloyd, que llevaban en el país desde enero de 2024. Junto a ellos estaba Jude Montis, director local de la misión.
La violencia se apodera del país
La muerte de los misioneros se produce en medio de una fuerte ola de violencia en Haití, donde la capital ha sido tomada por bandas que siembran el temor entre la población.
El principal aeropuerto internacional del país, situado justamente en Puerto Príncipe, estuvo cerrado durante casi tres meses a causa de estas bandas. El 20 de mayo se reabrió tras la demolición de cientos de casas cercanas al aeropuerto, utilizadas por las bandas para impedir su funcionamiento.
«Las bandas han tomado sistemáticamente como objetivo las infraestructuras del Estado y han atacado a quienes desempeñan funciones claves en el orden público, así como jueces, policías, defensores de los derechos humanos y periodistas. Estos ataques han debilitado aún más las instituciones del gobierno y agravado los problemas, ya de por sí críticos, para el restablecimiento del Estado de derecho».
A pesar de la reapertura de fronteras, estas últimas siguen controlando gran parte de la capital, como el puerto marítimo, que permanece cerrado. Son frecuentes los ataques a infraestructuras esenciales como comisarías, hospitales, centros educativos y lugares religiosos. También se han producido varias arremetidas contra el Palacio Presidencial.
María Isabel Salvador, que dirige las misiones de la ONU en Haití, escribió en su informe sobre el país que «los violentos enfrentamientos entre las dos principales coaliciones de bandas han dado lugar a asesinatos masivos de la población local y al saqueo e incendio de viviendas».
«Las bandas han tomado sistemáticamente como objetivo las infraestructuras del Estado y han atacado a quienes desempeñan funciones claves en el orden público, así como jueces, policías, defensores de los derechos humanos y periodistas. Estos ataques han debilitado aún más las instituciones del gobierno y agravado los problemas, ya de por sí críticos, para el restablecimiento del Estado de derecho».
«Cualquiera corre el riesgo de ser secuestrado. Aunque la cantidad del rescate sea mínima, este dinero ya ayuda a mantener las actividades de las bandas».
La ONU calcula que más de 53 000 personas abandonaron la capital haitiana sólo entre el 8 y el 27 de marzo de este año para huir de la violencia. Además, calculan que 2500 personas murieron en el primer trimestre a causa de la violencia de las bandas, lo que supone un aumento del 50% en comparación con el mismo periodo del año pasado.
«Cualquiera corre el riesgo de ser secuestrado. Aunque la cantidad del rescate sea mínima, este dinero ya ayuda a mantener las actividades de las bandas».
Puertas Abiertas no opera en Haití, pero lleva algunos meses siguiendo de cerca la situación en el país. Según un colaborador de Puertas Abiertas en América Latina que ha tenido contacto con los cristianos locales durante las últimas semanas, esta escalada de violencia y lo sucedido con los misioneros cristianos no puede considerarse un ataque directo de persecución religiosa hacia la fe cristiana, pero sí que afecta a la Iglesia en Haití.
Los secuestros son cada vez más frecuentes como forma de extorsión. «Las tasas de secuestro están aumentando, y cualquiera corre el riesgo de ser secuestrado. Aunque la cantidad del rescate sea mínima, este dinero ya ayuda a mantener las actividades de las bandas, contaron algunos creyentes haitianos a nuestro colaborador».
Los cristianos locales también contaron que las iglesias están limitadas por el contexto sociopolítico del país. En varias partes de Haití, los misioneros y pastores evitan salir de sus casas por miedo a ser secuestrados o porque las calles están tomadas por bandas que no dejan salir a la gente o exigen altas cuotas de extorsión, especialmente en la capital y en las principales carreteras de acceso.
Según los creyentes, debido a la violencia, algunas iglesias han cerrado sus puertas y ya no tienen comunidad. Otras siguen funcionando, pero la asistencia es escasa porque sus miembros tienen miedo de acudir a los cultos.
Además, varios programas de asistencia desarrollados por las iglesias, como las campañas médicas, se han interrumpido mientras se estabiliza la situación. Es importante mencionar que el sistema escolar (universidades y escuelas) no funciona desde enero.
La situación en Haití, especialmente en Puerto Príncipe, es caótica y no tiene pinta de mejorar. La gente de este país necesita nuestras oraciones por fortaleza para superar y poder vivir con todo esto.
Fuente: puertasabiertas.org
Protesta en Puerto Príncipe, Haití. EFE/ Johnson Sabin