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DOS RUEDAS Y MIS PIES

24 de julio de 2026

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Hay cosas simples de la vida que, sin hacer ruido, terminan enseñándonos las lecciones más profundas. Una bicicleta, por ejemplo. A simple vista parece solo un cuadro, dos ruedas, un manubrio y unos pedales.

Pero si prestamos atención, descubrimos que encierra una filosofía de vida. Nadie aprende a andar en bicicleta leyendo un manual. Se aprende subiéndose. Tambaleando. Cayéndose. Llorando un poco. Volviendo a intentarlo. Y un día, casi sin darnos cuenta, descubrimos que ya no necesitamos que alguien nos sostenga.

Curiosamente, así también funciona la vida

Hay un detalle que siempre me llamó la atención. Cuando una bicicleta se detiene, mantener el equilibrio se vuelve mucho más difícil. En cambio, cuando comienza a avanzar, todo encuentra su lugar.

¿No será que muchas veces perdemos el equilibrio en la vida porque dejamos de avanzar?

Nos paraliza el miedo al fracaso. Nos detenemos por una decepción, por una crítica o por una pérdida. Esperamos sentirnos seguros para volver a empezar, cuando en realidad la seguridad aparece mientras damos el siguiente paso.

La bicicleta también enseña otra verdad: para avanzar hay que mirar hacia adelante. Si uno pedalea mirando constantemente hacia atrás, tarde o temprano termina perdiendo el control.

Jesús expresó esa misma idea con otras palabras:

«Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios». (Lucas 9:62).

No estaba hablando solamente del trabajo del campo. Estaba describiendo una forma de vivir. El pasado puede enseñarnos, pero no puede convertirse en el lugar donde decidimos quedarnos.

Y después vienen las subidas.

Todos preferimos los caminos llanos. Sin embargo, las piernas se fortalecen justamente cuando el terreno se pone difícil. El ciclista experimentado no abandona cuando aparece una pendiente; simplemente cambia la marcha y continúa.

¡Qué buena enseñanza para nuestros días!

Hay personas que creen que, porque el camino se hizo cuesta arriba, tomaron el rumbo equivocado. Pero muchas veces la subida no significa que debamos abandonar; simplemente indica que llegó el momento de cambiar la estrategia, de tomar aire y seguir pedaleando.

También hay bajadas. Y son hermosas… pero incluso allí hace falta prudencia. Porque no todo lo que parece fácil termina siendo seguro. La velocidad sin dirección puede llevarnos a cualquier lado.

Otra imagen que siempre emociona es la de un padre corriendo detrás de su hijo mientras aprende a pedalear. Durante unos metros sostiene el asiento. El chico cree que todavía lo están sujetando, hasta que gira la cabeza y descubre que hace varios segundos viene avanzando solo.

¿No hace Dios muchas veces lo mismo con nosotros? Creemos que todo depende de nuestras fuerzas, hasta que un día miramos hacia atrás y entendemos que nunca dejamos de ser sostenidos por Él.

La familia, los amigos y quienes nos aman pueden correr a nuestro lado. Pueden alentarnos, levantarnos cuando caemos, curarnos alguna herida y recordarnos que vale la pena seguir. Pero nadie puede pedalear por nosotros.

Esa decisión siempre será personal.

La vida no consiste en evitar las caídas, sino en no dejar que una caída decida nuestro destino. Porque el fracaso no es caerse; el verdadero fracaso es creer que ya no vale la pena volver a subir.

Tal vez hoy tu bicicleta esté detenida. Quizás hace tiempo que no te animas a avanzar porque una experiencia te hizo perder la confianza.

La pregunta no es cuántas veces caíste. 

La pregunta es: ¿Qué te impide volver a pedalear?

Porque Dios nunca prometió un camino sin viento en contra, sin pendientes o sin tropiezos. Pero sí prometió algo mucho más importante: caminar con nosotros en cada tramo del recorrido.

Y cuando Él va a nuestro lado, hasta el camino más difícil puede convertirse en el viaje más extraordinario de nuestra vida.

Leandro Jesús Oviedo

Es comunicador, escritor y orador, con una vocación clara: inspirar a la generación actual a conocer y servir a Dios en todas las áreas de la vida. Fue ordenado como evangelista por sus apóstoles Sergio y Liliana Galetto del Ministerio Fuente de Vida. Es autor de los libros: “Descubre quién eres”, “El Café de cada día” y “El Poder de la Inspiración”. Conduce en redes sociales el programa “Entrelazados”, donde entrevista líderes de América y Europa con el propósito de ver unido al cuerpo de Cristo. Es conductor de “Afectados”, programa radial que se transmite por Radio Mitre (Cañada de Gómez). Comparte su podcast titulado “Más Profundo” ofreciendo reflexiones enriquecedoras para el alma. Leandro vive en San Genaro (Santa Fe, Argentina) con su esposa Elisabet y sus hijos Theo y Zoe. Su pasión por seguir a Cristo se refleja en su compromiso de compartir un mensaje transformador y edificante.     

leandrojesusoviedo@live.com.ar     

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